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Tinto & Co.

jueves, 8 de enero de 2015

Vuelta a la rutina

Yo soy de las que creen que lo bueno nunca acaba mientras algo nos lo recuerde. Y yo, por suerte, tengo siempre cerca a mis amigos y a mi familia que hacen que mí vuelta a la rutina después de las navidades no sea tan mala. Además, en menos que canta un gallo estoy de celebraciones otra vez. En el mes de enero cumplimos años mi madre, mi padre y yo, y eso alarga las navidades hasta final de mes.

Mis navidades este año han sido diferentes. Me he perdido muchas cosas importantes por culpa de una maldita migraña que parece interminable y con la que he compartido la mayoría de estos días. Pero…no hay mal que por bien no venga, y los días de reposo me han cargado las pilas para este 2015.

Pepa y Tinto han agradecido mucho mi migraña porque estaba casi siempre en casa con ellos. Se subían a la cama los dos y no había quien se moviera de ahí. Uno en los pies, otra en la almohada y servidora atrapada entre ambos. ¡Navidades perrunas!

El día 23, antes de que empezarán los niños y no tan niños a tirar cohetes, Pepa, Tinto y yo pudimos disfrutar de un paseo mañanero por un nuevo camino que hemos descubierto. Lo mejor es que está a cinco minutos de casa.






Es aquí en Córdoba. Está a la orilla del río pero se accede por un camino de tierra desde Puerta Sevilla. Al final del mismo, hay un acceso por debajo del puente y apareces aquí, un paseo enorme y una zona de albolafia más enorme aún donde poder correr y disfrutar con nuestros perretes. Además, no suele pasear gente y no molestamos a nadie si los llevamos sin correa.

Hemos ido muchas mañanas pero Pepa aún tiene miedo por los petardos y los fuegos artificiales y hasta que pasen un par de semanas no es capaz de disfrutar de los paseos. Sale con miedo, si es que sale, porque hemos tenido días en los que se tiraba al suelo y no había manera. ¡Sal sin mí! le faltaba gritarme porque ella ni por un millón de salchichas salía. 

Eso sí, en casa estaba a cuerpo de rey, o mejor dicho de reina.


Mi Reina Maga favorita


En casa, los Reyes Magos se acordaron de Pepa y Tinto. De Tinto creo que por pena, porque bueno, lo que se dice bueno en sus 10 meses de vida, no ha sido. Ha devorado todo lo que estaba a su alcance y la palabra obediencia no existe en su diccionario, pero la carita de pena la tiene bien aprendida y por ahí se ha salvado del carbón. 

Nos han dejando unos deliciosos huesos perrunos y unas latitas de pollo con manzana que para ser de perro tenían una pinta deliciosa. Tardaron segundos en acabar con ellas. 

¿Han tenido algún regalito de Reyes vuestros perretes?

¡Un besazo enorme y hasta mañana!

Celia

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